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necesidad impostergable de consolidar el sello artístico
de
nuestros pueblos como fruto de un largo proceso de búsqueda
de
identidad que se remontan al siglo XIX (aunque no hubiera
un sustento
ideológico en el cual pudiera apoyarse). La
preocupación por crear un
arte con sello propio, que
encontrara sus raíces en la música
prehispánica, en la
canción popular, en el folklor o en las reminiscencias
y
reinvenciones de éstos fue un hecho generalizado desde
México
hasta el Cono Sur, o viceversa. [11]
¿Cuánto parentesco tuvieron nuestros músicos con la labor
de
otros compositores latinoamericanos contemporáneos a ellos
y
que tenían las mismas inquietudes por la creación de un
arte
nacionalista? ¿Cuál fue el grado de contemporaneidad que los
ubica en el
panorama general de la música latinoamericana?
Cuando Chávez y
Revueltas irrumpieron en la vida musical de
México, el nacionalismo
pionero de Manuel M. Ponce
(1882-1948) se había desarrollado de
manera simultánea al de
los argentinos Alberto Williams (1862-1952) y
Julián Aguirre
(1868-1924), del boliviano Simeón Roncal
(1870-1953), del
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cubano Eduardo Sánchez de Fuentes (1874-1944), del peruano
Luis
Duncker Lavalle (1874-1922), del colombiano Guillermo
Uribe Holguín
(18801971), del costarricense Julio Fonseca
(1885-1950), del
chileno Pedro Humberto Allende (1885-1959),
del brasileño Heitor
Villa-Lobos (1887-1959), del
nicaragüense Luis A. Delgadillo (1887-1962),
del uruguayo
Luis Cluzeau Mortet (1889-1957) aunque, aparentemente,
no
hubiera vínculos entre ellos. [12]
Dejando a un lado sus primeros trabajos de
composición, la
carrera de Carlos Chávez y Silvestre Revueltas cobró vuelo
a
partir de las décadas de los veinte y treinta: Chávez
encontró su sello personal con El fuego nuevo (1921), Los
cuatro
soles y HP ya mencionados, y Revueltas con
Cuauhnáhuac, Esquinas y Ventanas (1931). Todas estas
obras
plantearon un distanciamiento radical de la estética ponciana
que había
dado curso a una música romántica de contenido
mexicanista. La carrera
de Revueltas se truncó en 1940, en
tanto que la de Chávez continuó
por casi cuatro décadas más.
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