Foro Virtual Silvestre Revueltas
   
 
 
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Lo velamos en el Conservatorio. Siempre recordaré a Waldeen
y a sus discípulas que hacía poco habían estrenado el ballet
El Renacuajo Paseador, enlutadas y llorosas, y a mis
compañeros de la Sinfónica pugnando por contener las lágrimas
al hacer sus guardias alrededor del ataúd. Y entonces sucedió
algo inesperado siendo ya medianoche: se oyó en la calle de
la Moneda el toque lento y fúnebre de Silencio. Era Isaac
Calderón que con su trompeta rendía su personal homenaje al
muerto.

La guardia de la Secretaría de Guerra, que estaba en la
misma calle de la Moneda, acudió a ver qué sucedía y Calderón
les explicó. Cosa digna del caso fue que el jefe de la
guardia ordenó presentar armas, retirándose después sin
molestar a Isaac.

Fue enterrado en el Panteón Francés, ése que tiene en el
frontispicio de su entrada la leyenda Heureux qui meurt dans
le Seigneur
(Feliz quien muere en el Señor). Pero Silvestre
no había muerto en el Señor, pues siempre fue agnóstico,
materialista y anticlerical. Por eso cuando al depositarse



 

sus restos en la fosa, se acercó un sacerdote vestido con sus
hábitos y seguido de un acólito, yo me adelanté al frente del
grupo más bien reducido de dolientes y con un ademán le pedí
al cura que no realizara el acto que pretendía; él se retiró
sin demostrar el disgusto que yo debo haberle proporcionado.

A la fecha me pregunto si hice bien o mal. Pero es que sentí
en ese momento que hubiera sido una hipocresía enorme haber
permitido que el sacerdote realizara sus ritos, imaginándome
la cara de contrariedad que Silvestre habría puesto, de poder
verlo.

Cómo citar el texto:

HERNÁNDEZ MONCADA Eduardo, .Silvestre Revueltas.
[fragmento], en La Música en México, de El Día, México, 1 de
octubre de 1985. Reproducido en Eduardo Contreras Soto,
Eduardo Hernández Moncada; ensayo biográfico, catálogo de
obras y antología de textos
, México, CENIDIM, 1993.
[Documento electrónico disponible en

 
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