mexicana?, además de que los unían a ellos lazos de amistad:
Revueltas con Pellicer y Villaurrutia, Cardoza y Aragón con
Gorostiza, etcétera. La actitud de Cardoza y Aragón fue clara
y evidente: él advertía que no era posible hacer arte por
consigna, y que una obra hecha así podía ser todo lo ortodoxa
y militante que se quisiera, pero eso no la salvaba de ser
mala; cuando un creador se afiliaba acríticamente a la
propuesta de producir arte por consigna, eso sólo lo llevaba
a una postura contrarrevolucionaria, de tal manera que si la
LEAR continuaba en su propuesta de exigencia de rigor
militante antes que en las propuestas de la libertad
creadora, inevitablemente llegaría a un callejón sin salida y
podía transformarse, con ella, en la única organización
creada en México en contra del arte.
Podemos imaginar el escándalo que una propuesta así causó
entre los miembros más ortodoxos de la LEAR, y la exigencia
de unir fuerzas contra el apóstata que hacía tales
aseveraciones. A la crítica generalizada contra Cardoza y
Aragón no se unió Revueltas; por el contrario, permaneció
fiel a la amistad que lo ligaba a él con la familia