|
todo pertinente para la obra que nos ocupa: ¿qué hizo Revueltas al
escribir una obra basada en un cuento? Antes de intentar una
respuesta, es pertinente incursionar en un tema polémico: ¿es música para
niños aquella concebida en los términos más simples y carente de
toda intensidad y complejidad? ¿De dónde salió esa curiosa idea de
que los niños deben escuchar música tonta y llana, como si
por definición fueran personas con discapacidad auditiva? La digresión
es pertinente pues en ella encontramos una primera coincidencia
entre Rolón y Revueltas, autores para quienes los niños fueron y son
perfectamente capaces de oír obras de índole compleja, sin necesidad
de letras semi-idiotas o de tonadas infames. De hecho, ni Revueltas
ni Rolón distinguieron entre un público adulto y uno infantil
y simplemente se limitaron a dar lo mejor de sí mismos en
dos momentos singulares de su producción en los que intentaron el curioso
acto de trapecio que consiste en hacer de un cuento, música. Con
ello, este par de artistas se apunta en la ilustre nómina de una
pequeña pero notable tradición, ya que si bien la genealogía de El
festin de los enanos y de El renacuajo paseador se vincula
necesariamente a L'apprenti
|
|
sorcier de Paul Dukas -paradigma del género- también
se relaciona con el Till Eulenspiegels lustige Streiche (1894-95) de
Richard Strauss (1864-1949) y con las versiones orquestales de Le
Festin de 1'araignée (1912) de Albert Roussel (1869-1937), el
Poruchnik Kizhe (1934) de Sergei Prokofiev (1891-1953) y
HáryJános (1926-27) de Zoltán Kodály (1882-1967); obras que-al
igual que nuestro Renacuajo- fueron inicialmente concebidas
para la escena, pero son famosas en sus versiones instrumentales.
Curiosamente, varias de estas creaciones comparten una serie de
rasgos comunes en su argumento. A nuestro renacuajo se lo comen, los
enanos de Rolón abandonan su festín frente a la llegada de un ogro
y, por supuesto, al inexperto aprendiz de Dukas le tocará
un tremendo regaño por sus fechorías. El contraste de tales situaciones
anticlimáticas -de las que las aventuras de los otros personajes
musicales no están exentas- permitió a cada uno de los autores hacer
gala de su humor -ingrediente central de todas estas obras- así como
de su capacidad para plasmar en sonidos algo de lo más abstracto y
fantástico de sus respectivas narraciones.
|
|