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programa era en sí mismo uno de los más interesantes que
San Antonio haya tenido el privilegio de escuchar, cuando menos por los
compositores representados: el modernista español De Falla, escuchado
aquí por primera vez, César Franck, Ravel, Moussorgsky. Además se
presentaron obras de Tata Nacho y Palmerín, con las piezas típicas
de Grieg, Schumann, Chopin y Albéniz, en buena medida un programa
mucho más interesante y de mayor valor musical que los que se
ofrecen por los artistas nacionales conocidos. Igual de interesante
que el programa fueron los artistas que lo presentaron. Si bien
quizás los mayores honores van al violinista distinguido, Silvestre
Revueltas, por su virtuosa interpretación, en la cual las habilidades
técnicas y la sensibilidad musical estuvieron balanceadas con
precisión, la señora Ortega se ganó por completo a su audiencia y
los mantuvo encantados con la calidez y belleza de su voz, y
el pianista, Francisco Agea fue parte de los honores con el interés y la
autoridad de sus piezas para piano y la simpatía de sus
acompañamientos.[2]
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Después de este compromiso Agea y Medina retornaron a México,
pero Revueltas, quizás influido por las espléndidas reseñas que
recibió el grupo, tanto en el diario San Antonio Express como en
La Prensa -que se escribía en español-, decidió quedarse en
San Antonio. En cierta medida, ya se había acostumbrado a la vida
en Estados Unidos después de haber estudiado el bachillerato en
Saint Edward Academy, en Austin, Texas, y haber recibido entrenamiento
conservatoriano en el Chicago Musical College (que posteriormente
se incorporó a la Roosevelt University). Otro posible móvil
para quedarse en Estados Unidos sería que su esposa, Jule Klarecy, a
quien conoció y con la cual se casó en Chicago, así como la hija de
ambos, estaban aún en aquella ciudad del
Medio-Oeste.
Cualesquiera que hayan sido las razones, decidió no regresar a México.
Pronto encontró un trabajo fijo como concertino en el suntuoso cine
Aztec, en el corazón del centro de San Antonio en el número 233
de la calle Commerce, el cual había abierto sus puertas en 1926. Su
orquesta de gran tamaño -26 músicos- estaba dirigida por Kirk
Frederick y contrataba músicos "de Europa y Sudamérica".[3] El programa
inaugural
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