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y tu canto grande y grandioso, tu ternura volcánica, llena toda
la altura como una estatua ardiendo. ¿Por qué has derramado la
vida? ¿Por qué has vertido en cada copa tu sangre? ¿Por qué has
buscado como un ángel ciego, golpeándose contra las puertas
oscuras? Ah, pero de tu nombre sale música y de tu música, como de
un mercado, salen coronas de laurel fragante y manzanas de olor
y simetría. En este día solemne de despedida eres tú el despedido,
pero tú ya no oyes, tu noble frente falta y es como si
faltara un gran árbol en medio de la casa del hombre. Pero la luz
que vemos es otra luz desde hoy, la calle que doblamos es una nueva
calle, la mano que tocamos desde hoy tiene tu fuerza, todas
las cosas toman vigor en tu descanso y tu pureza subirá desde las
piedras a mostrarnos la claridad de la esperanza. Reposa,
hermano, el día tuyo ha terminado,
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con tu alma dulce y poderosa lo llenaste de luz más alta que la
luz del día y de un sonido azul como la voz del cielo. Tu
hermano y tus amigos me han pedido que repita tu nombre en el aire
de América, que lo conozca el toro de la pampa, y la nieve,
que lo arrebate el mar, que lo discuta el viento. Ahora son las
estrellas de América tu patria y desde hoy tu casa sin puertas es la
Tierra.
Traducción: Yael Bitrán
Publicado
originalmente como "Revueltas in San Antonio and Mobile" por Robert Parker en
Latin American Music Review, volumen 23, número 1,
primavera-verano 2002, pp. 114-130. Copyright©2002 de la University of Texas
Press. Todos los derechos reservados. Robert Parker es
musicólogo y profesor de música de la Universidad de Miami, ahora
retirado.
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