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El célebre poeta chileno Pablo Neruda leyó su vehemente tributo
"A Silvestre Revueltas, de México, en su muerte (Oratorio menor)",
en el Panteón Francés de la ciudad de México, donde este coloso del
arte musical fue enterrado. (Sus restos fueron trasladados a la
Rotonda de los Hombres Ilustres del Panteón de Dolores en 1976.) A
continuación se transcribe el poema:[35]
A Silvestre Revueltas, de México, en
su muerte (Oratorio menor)
Pablo
Neruda
Cuando un hombre como Silvestre Revueltas vuelve definitivamente a la
tierra, hay un rumor, una ola de voz y llanto que prepara y
propaga su partida. Las pequeñas raíces dicen a los cereales: "Murió
Silvestre", y el trigo ondula su nombre en las laderas y luego
el pan lo sabe todos los árboles de América ya lo saben
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y también las flores heladas de nuestra región ártica. Las gotas
de agua lo transmiten, los ríos indomables de la Araucanía ya
saben la noticia. De ventisquero a lago, de lago a planta, de
planta a fuego, de fuego a humo: todo lo que arde, canta, florece,
baila y revive, todo lo permanente, alto y profundo de nuestra América
lo acogen: pianos y pájaros, sueños y sonido, la red
palpitante que une en el aire todos nuestros climas, tiembla y
traslada el coro funeral. Silvestre ha muerto, Silvestre ha entrado en su
música total en su silencio sonoro. Hijo de la tierra, niño
de la tierra, desde hoy entras en el tiempo. Desde hoy tu nombre
lleno de música volará cuando se toque tu patria, como desde una
campana, con un sonido nunca oído, con el sonido de lo que
fuiste, hermano. Tu corazón de catedral nos cubre en este instante, como
el firmamento
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