adelante, y el caso posterior de Manuel Enríquez- no
se
acostumbra estudiar con detenimiento la obra de los
músicos
recién desaparecidos y ya no activos en el juego
político
nacional. También sufrió Revueltas porque la heterogeneidad
de su música,
creada dentro de un territorio de la periferia,
no se adaptaba con
facilidad a los esquemas establecidos en
el canon musicológico donde
con demasiada frecuencia la
diferencia se convierte en error y no
en indicio semántico.
Seguramente otras razones se pueden añadir a
las aquí
presentadas, pero lo cierto es que los conceptos recabados
o
propuestos por Mayer-Serra se congelan en el tiempo y pasan
a
regir la recepción de Revueltas durante más de cincuenta
años.
Dentro de la compleja imagen presentada por Mayer-Serra
resalta
un indudable y remarcado aprecio por la obra de
Revueltas. De
hecho, en este libro ningún otro compositor
ocupa más espacio, y ninguno
recibe tantos y tan diversos
encomios por su originalidad, su
destreza como orquestador y
su técnica compositiva, específicamente la
contrapuntística,
un ingrediente muy valorado por el musicólogo
español. No
obstante, dos elementos le impiden a Mayer-Serra
reconocer