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De este muy simpático libro de cuentos proviene El renacuajo
paseador
. Para escribirlo, Pombo manejó varias versiones de
una historia que hoy se conoce en las rhymes denominadas A
Frog He Would a- Wooing Go
, Ye Frog's Wooing o There was [a]
Frog
, en especial de las dos últimas. Con la suma de lo que
cuentan estos versitos, se puede armar la historia que
concibió Pombo, aunque éste agreg ó también bastante de su
propia cosecha; en realidad, podemos hablar má s de un cuento
nuevo inspirado en fuentes populares que de una traducción o
adaptación. Además, está el trabajo especial de la nueva
versificación, en versos de arte mayor. Esta forma hispánica,
surgida en la Edad Media tardía y muy usada en el
Renacimiento hasta que la abandonó el Siglo de Oro, resucitó
en el último romanticismo -el propio Pombo, junto con otros
como José Zorrilla o Salvador Díaz Mirón, dan prueba de ello-
y en el modernismo, con Rubén Darí o como ejemplo arquetípico.
En estos últimos siglos, el reiterativo esquema de acentos
del verso de arte mayor -el más común es: o-ó-o-o-ó-o /
o-ó-o-o-ó-o-, se ha prestado para darle sabor popular y, en
especial, infantil, a cualquier composición; es casi seguro



 

que Pombo haya usado esta versificación teniendo en mente el
público menudo al que se dirigía.

Como ya se ve, la fama de Rafael Pombo trascendió las
fronteras incluso cuando él aún vivía. Por ello no se antoja
extraño que sus cuentos infantiles hubieran sido reeditados
en varios países, por ejemplo en México, donde el poeta
colombiano tenía amigos entrañables. [2] Sin embargo, la
difusión de los cuentos de Pombo no siempre incluyó al nombre
del propio autor. En algún momento del cambio del siglo XIX
al XX, El renacuajo paseador debió aparecer en las ediciones
de cuentos infantiles que publicaba en México Antonio Vanegas
Arroyo, el mismo editor legendario que diera cabida en su
empresa al simpático dramaturgo oaxaqueño Constancio S.
Suárez y a una leyenda mayor que todos ellos: José Guadalupe
Posada. De estos materiales de la literatura popular todavía
se podían hallar ejemplares tres décadas después de su
publicación, no sólo porque sobrevivieran en términos
materiales, sino porque la reivindicación del nombre de
Posada contribuyó a que se recuperaran todos aquellos
impresos asociados a él, y por ende se revisaran los

 
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