Foro Virtual Silvestre Revueltas
   
 
 
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romper los vínculos que nos unen, y ya para él no soy nadie,
ni su amigo, ni su camarada, ni su hermano. Nadie.

Las manos de Silvestre tiemblan con trepidantes
sacudimientos, y sin apartar de mí su espantosa, justiciera
mirada, mueve los labios con retorcidas, torpes contracciones
epileptoides, en un esfuerzo desesperado por articular alguna
misteriosa palabra que ya no alcanza a decir. Su cuerpo
brinca por dentro con dos o tres violentas convulsiones, y
ahora sus ojos se vuelven hacia atrás, como si alguien tirara
de ellos con desconsiderada rudeza desde el interior del
cráneo, mientras los párpados permanecen abiertamente rígidos
y tensos, con músculos paralizados. "¡Hermano, hermanito
querido, hermanito del alma! ", escucho a mi hermana Consuelo
que, solloza con un ronquido bestial inhumano, a tiempo que
toma entre sus brazos la cabeza de Silvestre y lo besa en la
frente. Del otro lado de la cama apenas logro distinguir la
figura borrosa, atribulada, de Ángela.

Yo me arrojo a los pies de Silvestre y hundo mi rostro entre
ellos. Son unos pies calientes, unos pies que arden y me



 

queman los labios como una llama, en este abrumador
incendio de su muerte. Me siento despedazado, destruido.
Pero cuando, transcurridos unos instantes, me aproximo a
contemplar el rostro de Silvestre, nunca recuerdo haberlo visto
ni tan bello ni tan puro, dulcemente quieto y en reposo,
después de haber combatido por última vez. Después de haber
sido derrotado por última vez.

Cómo citar el texto:

REVUELTAS José, "Apuntes para una semblanza de Silvestre
Revueltas", en Silvestre Revueltas, Cartas íntimas y escritos,
México, Secretaría de Educación Pública, 1982. [Documento
electrónico disponible en www.fororevueltas.unam.mx]
Consultado el dd/mm/aaaa

 
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