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Aquello sucedió una mañana en que Silvestre tenía
ensayo con la orquesta en el foro de Bellas Artes. Por alguna
razón llegué tarde a la cita con Silvestre y el ensayo ya
había comenzado.
Es el Pájaro de fuego, de Stravinsky, según me
parece. Entro por la parte de atrás del foro y me detengo para no
hacer ruido. Estoy rodeado de los más extraños enseres
teatrales, decorados de escenario, farolillos, "diablas" al ras del suelo,
bambalinas, cortinajes, bastidores y las gruesas cuerdas de la
tramoya, que cuelgan del telar o están enrolladas en los rincones. Un
barco. Me encuentro en el puente de un navío solitario y fantástico
abandonado Por sus tripulantes, y todos esos objetos que me rodean no
son sino fantasmas intangibles, distantes esqueletos de lo que
alguna vez habrá sido la alcoba de Desdémona o el severo palacio
de Anfitrión. La música parece encontrar en la penumbra un obstáculo
blando, y llega hasta donde me encuentro ya un poco caída, ya un
poco como en pleamar, sumamente atemorizada.
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Pero no; no es la penumbra. Se trata de que han puesto la concha
acústica y esto apaga los sonidos hacia la parte interior del foro,
que es el sitio donde estoy. Así pasan largos instantes. A pesar de
todo, la música corre, juega, danza, se expande en el aire, se
contrae, y todo lo hechiza al contacto del frenesí de su
vértigo jubiloso. Pero de pronto, lleno de impaciente y colérico apremio, se
escucha un ruido a cuyo requerimiento se desbarajusta aquella
arquitectura musical, desarticulándose en pedazos que van cayendo al
suelo, de un lado y de otro, igual que los muros de naipes de un
castillo sinfónico: el director golpea imperiosamente con la batuta el
filo del atril, demandando silencio a causa de alguna desafinación
en que se habrá incurrido.
La orquesta termina por enmudecer
en escalonadas gradaciones descendentes y en seguida se escuchan,
aquí y allá, esas peculiares toses psicológicas de los conciertos,
que siempre parecen aprovechar la menor ocasión de silencio, entre
dos tiempos, para libertarse. En medio de todo esto oigo la
voz
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