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Entonces cambiaba de voz para adquirir un tono
admonitoriamente tribunicio: "¡Hijos mal agradecidos, que no
merecen ese padre modelo, pero a quienes, en castigo, los
dioses condenarán por los siglos de los siglos a ser
eternamente buenos ciudadanos y maridos virtuosos...!"

Aquello terminaba, sin embargo, más o menos en serio, con
indulgentes juicios de Silvestre hacia la obra de Fulano,
juicios que, por indulgentes, venían a ser probablemente más
terribles. "En fin -remataba por último-, creo que Fulano
llegará a ser un gran músico, estoy convencido... -hacía una
pausa y miraba a un lado y otro como cerciorándose de que
nadie sorprendería el secreto que iba a trasmitir a su
interlocutor, y luego hablaba en voz baja, sirviéndose de la
mano a guisa de pantalla- ...pero hay que aconsejarle que
vuelva a estudiar solfeo..." Descritas en el papel, estas
burlas sangrientas de Silvestre resultan pálidas, pobres y
sin la menor gracia. Pero es casi imposible darles el matiz,
el humorismo, la maligna travesura, verdaderamente
histriónicas, de que Silvestre sabía impregnarlas.



 

Era como un semidiós, travieso, la mirada con aquellos
resplandores de inocente malicia y luego esos terminantes
ademanes que tenía. No resultaba difícil imaginarlo desnudo
en un estanque, rodeado de ninfas y con una corona de uvas y
laureles ceñida a la cabeza, jocundo y espléndido como
Dionisos en su reino. La idea le cautivaba indeciblemente al
propio Silvestre, aunque en seguida añadiera a la imagen
algún alegre toque, más bien triste, de pequeña ironía
burlona en su contra: "Bueno -decía entonces-, pero un
Dionisos ya medio fuera de la circulación... "

En primer lugar Silvestre se burlaba de sí mismo, lo cual le
permitía burlarse de los demás sin remordimientos, como si lo
primero ya fuese el pago de cierta patente de impunidad, o
una especie de desagravio para los ofendidos, los que de
ningún modo habrán quedado satisfechos, claro está.

EI optimismo, el amor, la generosidad, fluían de su ser sin
que Silvestre se diera cuenta, pues ignoraba sus "virtudes"
en absoluto, y se habría sorprendido con sincera
incredulidad, caso de apercibirse que las tenía. Me equivoco:

 
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