Foro Virtual Silvestre Revueltas
   
 
 
  impresión   inicio  
 



"Ayer conocí a Silvestre Revueltas..."

Sin embargo, el primero que juzgó natural y lógico que
apenas hasta el día anterior yo lo hubiera conocido -no
obstante ser hermanos, no obstante tratarnos diariamente-,
fue el propio Silvestre. Eso estaba bien, así ocurre, no
había por qué alarmarse, pues no es fácil conocer a nadie,
saber quién es verdaderamente y cómo es, ni aun en virtud de
ese milagro incidental de estar unido a él a través de la
misma sangre.

Silvestre era mi hermano. ¿Pero quién era? Yo podía dar
muchas respuestas a esta pregunta, probablemente más
respuestas que cualquier otro, puesto que lo amaba, lo
admiraba desde mis primeros años, desde que tuve uso de
razón. Pero desde luego no se trataba del amor o de la
admiración, ni de que yo supiera si Silvestre era esto o
aquello, músico o santo, sacerdote o bandido, profeta o
criminal.



 

Digamos: uno sabe lo que es un terremoto, lo que es una
tempestad, lo que es un relámpago, pero al mismo tiempo -y es
lo más corriente-, uno no sabe lo que son tales fenómenos,
aparte de eso que nada más ha captado con los sentidos, con
los pobres ojos, con el pobrecito tacto.

¿Quién era Silvestre? Cualquiera podía proporcionar alguna
de esas triviales informaciones de programa y hablar del
"compositor destacado", del "feliz ejecutante", del "fiel
intérprete" y demás. Pero, repito, no se trataba de eso.
Ninguna de estas estúpidas cosas eran el terremoto, el
relámpago, la tempestad. En suma, hasta entonces yo no había
conocido a Silvestre. Simplemente no lo había conocido, y
ésta era la cuestión.

No obstante tenía que llegar el momento en que yo me
encontrara frente a frente de eso que se llamaba Silvestre
Revueltas. No recuerdo las palabras con que lo narré
entonces, en aquel artículo, pero las imágenes permanecen
intactas en mí, tan vivas y precisas como desde la primera
impresión.

 
Documento sin título
  Página  
Ir
        1.5