hombro. Miré hacia atrás. Su hermano José Revueltas
me
susurró:
. Vengo de casa. Acaba de morir Silvestre. Eres el
primero
en saberlo. Salimos a conversar. Me contó que se
había
agravado en los últimos días y que poco antes de morir había
pedido
que colgaran en la pared, frente a su lecho, el
sombrerito de paja
que se llevó aquella vez. Al día siguiente
lo enterramos. Yo leí mi
Oratorio menor, dedicado a su
memoria. Nunca un muerto me había oído
con más cuidado.
Porque mi poema lo sacaba de las circunstancias y
del
territorio para darle la verdadera dimensión continental
que
le correspondía.
Cómo citar el texto:
Carta de
Pablo Neruda a Gustavo Díaz Ordaz [fragmento],
febrero de 1969. Reproducida en Rosaura Revueltas, Los
Revueltas
(Biografía de una familia), México, Grijalbo, 1980.
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electrónico disponible en