estos sin haberte conocido. Por eso estoy aquí. Es malo que
los
hermanos no se conozcan.
Era fantástico, pictórico y pueril.
Era el gigante genial
de la música de México. Tres días y tres
noches se pasó en mi
casa. Yo salía a mis quehaceres y volvía a
encontrarlo
sentado esperándome en el mismo sillón.
Repasamos
nuestras vidas y las vidas ajenas. Conversábamos
hasta muy tarde en la
noche y luego él se echaba sobre una
cama con el traje y los
zapatos puestos. Al verlo dormido, yo
le dejaba otra botella de vino,
abierta, cerca de su inmensa
cabeza.
Así como llegó a mi
casa, un día desapareció sin despedida y
sin ceremonia. Se había ido a
dirigir los ensayos de su
Renacuajo paseador, ballet clásico de
nuestra época
contemporánea. Algún tiempo después, la noche del
estreno,
estaba yo en un palco. En el programa se acercaba el
momento
en que debía presentarse Silvestre a dirigir su obra. Pero en
ese
momento no llegó. Sentí que desde la sombra me tocaban el