Foro Virtual Silvestre Revueltas
   
 
 
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Pablo Neruda

Una tarde, al regresar de mis trabajos, encontré a un
desconocido sentado en la sala de mi casa, en la ciudad de
México. Yo no le veía claramente la cara porque se había
puesto uno de mis sombreros de paja, pequeño y multicolor,
comprado en la feria. Debajo de sus alas una melena profusa y
entrecana protegía su robusto cuello. Más abajo, venían unos
hombros de coloso y un traje desaliñado. Junto a él había
varias botellas de mi precioso vino chileno, estrictamente
vacías.

Se trataba del más grande, más original y poderoso
compositor de México: Silvestre Revueltas.

Me senté frente a él y de pronto levantó su cabeza de
minotauro. Apenas abrió los ojos, me dijo:

.Tráeme otra botella. Hace ya varias horas que te espero. Se
me ocurrió pensar esta mañana que puedo morirme un día de


 

estos sin haberte conocido. Por eso estoy aquí. Es malo que
los hermanos no se conozcan.

Era fantástico, pictórico y pueril. Era el gigante genial
de la música de México. Tres días y tres noches se pasó en mi
casa. Yo salía a mis quehaceres y volvía a encontrarlo
sentado esperándome en el mismo sillón.

Repasamos nuestras vidas y las vidas ajenas. Conversábamos
hasta muy tarde en la noche y luego él se echaba sobre una
cama con el traje y los zapatos puestos. Al verlo dormido, yo
le dejaba otra botella de vino, abierta, cerca de su inmensa
cabeza.

Así como llegó a mi casa, un día desapareció sin despedida y
sin ceremonia. Se había ido a dirigir los ensayos de su
Renacuajo paseador, ballet clásico de nuestra época
contemporánea. Algún tiempo después, la noche del estreno,
estaba yo en un palco. En el programa se acercaba el momento
en que debía presentarse Silvestre a dirigir su obra. Pero en
ese momento no llegó. Sentí que desde la sombra me tocaban el

 
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