La mañana de su muerte, su hermano José me
decía: -Cuando
mi madre le veía entrar, exclamaba: "¡llegó el
huracán!".
En esta
precisa imagen encuentro mucho de lo que pensé y sigo
pensando
sobre Silvestre, un huracán de vida, de ternura, de dolor.
Una
gran fuerza claramente manifiesta, sensible para todos. Su misma
vitalidad le hacía extrañamente delicado: tenía los caprichos
de
una tormenta que después de arrastrar de cuajo los grandes
árboles no borra las huellas de unos pies descalzos de un niño
sobre
la playa.
Cómo citar el texto:
CARDOZA Y ARAGÓN
Luis, "El huracán", en Heterofonía, vol. XVIII,
núm. 89, México,
abril - junio de 1984. [Documento electrónico
disponible en
www.fororevueltas.unam.mx, sección
Testimonios,
Eduardo Contreras (comp.)] Consultado el dd/mm/aaaa