Silvestre Revueltas fue el genio que ha tenido la música mexicana, lástima que se le cuidó tan poco, que los mexicanos no lo supimos cuidar; lástima porque en él perdimos a un gran músico y no sólo a un Silvestre, sino a muchos, pues era muchos a un mismo tiempo, por eso, para hablar de él, se tienen que abordar diferentes puntos de vista, si no, cualquier cosa que se diga sobre el personaje estará incompleta.
De todos modos quiero referirme a un viaje que hicimos juntos de Nueva York a Francia, a bordo del barco "Britannic". En esa ocasión yo acababa de escribir Incidentes melódicos del mundo irracional y una noche, durante la travesía, en el camarote que ocupábamos ambos empecé a relatarle la obra con sus líneas musicales:
Tacán-tacán che ti it manshcuqué. Tan-kan-cab
Tireró, jen-jen, un pac-u-kay toj la-kin toj chi-kin, cach-yun-tun -tab u-jo le un puli
u'u-man-yok zuup.
Silvestre permanecía en su litera, recostado sobre sus grandes espaldas, sin ponerme atención aparentemente y sólo emitía un despreocupado ah, ah, ah. Pasó el tiempo, y ya en la ciudad de México, tres años después, Silvestre me llamó a su casa para pedirme la historia y los motivos musicales, pues tenía el encargo de una obra para el Ballet de Monte Cario. Yo había perdido el manuscrito cuando aquella estancia en Europa, durante un viaje de España a Francia. Resulta que en Narbonne bajé a la estación a tomar un refresco; en ese momento hubo un cambio de trenes sin que yo me diera cuenta y así perdí hasta el equipaje.