para muchos puristas, tal examen técnico provocaría
desilusión y en ocasiones, hasta escándalo; pero, hurgando en
el fondo, hallaríamos que tal debilidad es disculpable. Para
nosotros, Revueltas es un perfecto romántico; pero un
neorromántico que va perfectamente a su objetivo, sin
extraviarse en inútiles digresiones o en fórmulas
insustanciales. En su obra no encontraremos nunca el menor
asomo de énfasis, y la franqueza y la sinceridad serán normas
invariables de casi la totalidad de su producción, bien sea
de juventud o de madurez. Desde sus primeros esbozos,
encontramos consignados, en signos diáfanos y precisos, su
talento claro y su ingénita originalidad.
El arte de Revueltas, pudoroso y honesto, traduce a
maravilla la excesiva modestia de aquél; y en su música el
compositor manifiesta tal reserva en lo que siente, que
prefiere pasar por un insensible -¡difícil tarea!- a
traicionar sus convicciones. ¡Revueltas se avergonzaba de
parecer sentimental! ¡Y lo era, por fortuna!
Modernista de
bon aloi, lleno de sanas y de justificadas