el complemento ineludible para que se establezca el vínculo
de la recepción entre el espectador y el espectáculo.
En este texto, como en el de Juan Tovar hay una
comprehensión mucho más rica de la sicología del personaje, y
también una especie de libertad frente a él, ya que -haciendo
uso de la libertad creadora- se dota al personaje de
sentimientos, pasiones y emociones que ellos, verosímilmente,
construyen a partir de los datos objetivos que tienen.
Por último quisiera referirme a un texto que llegó a mis
manos recientemente y que es el realizado por María Luisa
Rangel. En este caso, a diferencia del primero, la autora no
pretende de ninguna manera hacer un texto que respete la
objetividad, sino que da rienda suelta al libre manejo entre
la tradición o la leyenda y su amor hacia el personaje. La
obra se llama
El genio y el otro, y para todos es evidente
de
a quiénes se refiere, aun cuando yo dudo que el genio hubiera
aceptado el apelativo.
En la obra se señalan las diferencias entre uno y otro, pero
no solamente de ellos dos, sino hay otros dos personajes que